martes, 7 de mayo de 2013

REUNION DE CUERVOS 1.7

Las estrellas se apagaban a su alrededor. Allí donde fijaba la mirada tan solo acertaba a contemplar el pálido brillo antes de desaparecer. Se encontraba inmóvil sobre un trozo de tierra y a su alrededor tan solo había oscuridad.
    —Dame un nombre —exigió la Profundidad—, dame un nombre o toda vida será consumida.
Sam era incapaz de moverse o pensar. Se encontraba petrificado, carente de dominio sobre su cuerpo, como una sombra sin vida.
    —Dame un nombre, Sam —insistió la voz sin rostro, con un tono seductor—, no creas las mentiras que te han contado sobre mí. Fui desterrado de la realidad, atrapado y condenado a consumirme a mí mismo.
    La voz era hipnótica, cada palabra pronunciada era pura y poderosa resonando en su mente. Debía darle un nombre, ese era su deber. Aun más, era su destino, pues así se lo decía su mente. No hacerlo resultaría un acto de crueldad inimaginable. De pronto, sintió recuperar el control de sus labios. Era todo cuanto necesitaba para saciar la necesidad que le empujaba a darle al ser un nombre para recompensar su sufrimiento. Inspiró profundamente llenando sus pulmones, hasta sentir como si su pecho se fuera a quebrar; ahora podría pronunciar el nombre que liberaría de ser condenado. Una mancha oscura desgarró su piel y le gritaba, ensordeciéndole.

    —¡Despierta Sam! ¡Despierta! No pronuncies ninguna palabra, por lo más sagrado. ¡Despierta! —Sam reconoció la voz de Pensamiento.
    Despertó entre gritos con el corazón latiendo como si fuera a salir de su pecho.

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