lunes, 13 de mayo de 2013

REUNION DE CUERVOS 1.11

—Este lugar nunca deja de sorprenderme. —Sam se quedó inmóvil, apenas respiraba. Tras el umbral que acababan de traspasar, se asomaba un reflejo del mismísimo Universo. La representación lo envolvía en toda su grandeza. Quién o quiénes habían creado la encrucijada, lo desconocía. Sin duda era obra de los dioses, quién si no podría haber creado tal belleza para tan práctico modo del viajar. Allí donde mirase, las galaxias se expandían y agrupaban, iluminando el cosmos de infinitas combinaciones de colores. Casi podía sentir el calor de las estrellas que pendían como copos de nieve. Ninguna era parecida, todas poseían cualidades propias. Pero lo que realmente asombraba a Sam eran los planetas que, tan distantes como semejaban, apenas estaban a un pensamiento de su alcance. Había, sin embargo, un peligro terrible en viajar por la encrucijada. Se debía tener conocimiento previo del lugar al que se quería ir. Si un viajero se aventurase desconociendo el más mínimo detalle del mundo elegido, vagaría por siempre por el reflejo del universo. Allí, el tiempo solo era un concepto insustancial.
Una de las primeras lecciones que Pensamiento le enseñó fue el modo de viajar por la encrucijada. Le mostró mediante reflejos lugares de mundos que podrían interesarle. Desde entonces, gracias a esos conocimientos, Sam había viajado por decenas de mundos. Esto le permitía presentarse como un exótico comerciante, llevando sus inusuales mercancías  allá donde se sintiese más cómodo para vivir. Sus comienzos como caminante de los reflejos fueron difíciles, estando en varias ocasiones cerca de perderse. Cuando contempléis cometas en el firmamento, observad con atención su estela, pues podréis distinguir los rostros de aquellos que fueron descuidados en sus viajes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario