- Mi señor, tal como ordenasteis, los preparativos para la partida han concluido.- Sobre un trono de negro cristal, se sienta un figura imponente. Tiene el tamaño de tres hombres de las tierras de los vientos. Su piel es tan negra como su alma y en sus ojos, brillan conocimientos y maldades antiguas. Aquellos que saben de su exsistencia, maldicen en silencio su nombre. Es uno de los creadores de esta realidad, las sombras y horrores que la asolan, son obra suya
.- Dulbrian, ¿ han partido mis tropas ?.- Como ordenasteis mi señor.-
- Bien, lleva mis efectos personales hasta la encrucijada y espera me en el borde de las tormentas. Este asunto me incomoda, están sucediendo echos extraños. Las posibilidades se tejen demasiado aprisa para ser observadas con detenimiento. Hacia eras, que mi apetito no había sentido el placer de un nuevo juego. Marchate y cierra los portales tras tus pasos.- Dulbrian se inclino ante su señor y salio presto a cumplir sus deseos. Llevaba siglos a su servicio y no era tarea sencilla permanecer al lado de su amo. Había sido testigo en innumerables situaciones, de como algún pobre desdichado, había sido castigado por titubear ante su presencia. Con un simple gesto, los huesos se quebraban, su piel se tensaba hasta romperse y no contento con ello, lo revivía para volver a empezar. Aquellos que no tenían la suerte de morir, rememoraban cada noche los atrocinios a los que habían sido sometidos. Thalmut, señor de la noche, descendió los escalones para dirigirse hasta el pozo de las realidades. - ¿ Que tramas, mi señora ?, no es propio de ti abandonar tu puesto y esconderte. Puedo sentirte, pero no logro verte, oh Muerte me intrigas y diviertes por igual.- Ante su presencia, las imagenes que mostraba el pozo, se fueron calmando para mostrar a su señor lo que debía conocer.- Vaya, así que todo gira en torno a ti...
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