Una otra vez, se repetía así mismo que la imagen, vista en el espejo no era la suya. La noche cayó, pesada cual losa, mientras de sacia el camino de vuelta a casa de Emma. Corría tan rápido como sus fuerzas y escasa claridad le permitían. Mas de una vez tropezó y rodó por tierra, rasgándose las ropas y piel.- Ese no era yo.- Como un mantra,lo repetía tratando de convencerse. Abrió la puerta sin miramientos, sobresaltando a la pequeña Shara.- Quiero respuestas y las quiero ahora. Basta de esperas.- Emma, continuaba con la labor, de llevar suculentos platos a la mesa.- ¿ Me oyes ?, quiero...-
Los ojos de Emma, se clavaron en los de Sam. Por un momento, la habitación desapareció y un abismo amenazo con engullirlo. Al parpadear, la habitación volvía a estar tal como debía. Tanto poder, nunca antes había sentido semejante torrente de poder. Cada fibra de aquella mujer exsalaba magia en estado puro. Las piernas le fallaron y callo de rodillas al pulcro suelo de madera.- Oh, querido ¿ te encuentras bien?. Deja que te ayude a levantarte.- Sam, se dejo hacer sin ofrecer la menor resistencia. Emma lo acomodo en una silla junto a la mesa. Ella y Shara tomaron también asiento.- ¿ Por donde deseas comenzar?- Dijo Emma. Sam la miro y volvio a ver el dulce rostro de una mujer de edad indeterminada. Cualquiera, afirmaría observando su apacible rostro, que esta mujer seria incapaz de matar siquiera a una mosca.- ¿ Donde esta Melyssa ?.- Bien, como ya te explique, esta realizando unos recados para mi. En estos momentos, hay ciertos lugares en los que mi presencia no seria bien venida.- ¿ Tu presencia ?, ¿ que o quien eres realmente?.- Dijo Sam.
-Esa, jovencito es una buena pregunta..
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