El extraño cristal, que recubría túneles y bóvedas sosteniendo así a la montaña, vibraba respondiendo al canto de Murtt. Como un halcón que remonta el cielo a la espera de que su dueño lo llame. Cual lluvia de primavera, el cristal se descomponía callen do como gotas azules al suelo. La montaña, horadada se undia sobre si misma incapaz de sostenerse. Los cuerpos de aquellos que habitaban la base, yacían desparramados y sepultados por toneladas de tierra y roca.
El diseño de la base, que tan eficaz había sido para savanguardar a sus moradores, se torno un trampa en si. Sam junto a Melyssa, esperaban resignados su cercano final. Quizás por algún disparo o por el peso de la montaña sobre ellos. Se abrazaron y se dijeron mutuamente que se enfrentarían juntos a su destino.- ¿ Que hacéis?, ¿ no veis que la montaña se esta derrumbando?.- Abrieron los ojos, ante el ser que había hablado. Fue tal la sorpresa, que durante unos instantes fueron incapaces de responder a Maria..- ¿ Se puede saber donde te habías metido? dijo Sam.
Maria bajo la mirada al suelo, mientras que con sus pies descalzos trataba de golpear una pequeña piedra.
- Me escondí- ¿ Que te escondiste?. - Por todos los dioses, pequeña.¿ Crees que esto es un juego?Murtt, ha muerto. ¿ No lo comprendes ?. Melyssa había soportado demasiadas cosas, como para tratar de ser tolerante con aquella fantasmal niña.- No lo comprendeis.- Dijo Maria.- Hay algo malo, que esta apunto de comerse este mundo. Lo presentí y quise saber que era. Cuando de pronto el cielo se abrió y las estrellas comenzaron a apagarse dentro de ese ser. Me asuste y me escondí.- Su voz, reflejaba que había dicho la verdad. Se podía sentir atraves de ella el miedo que la atenazaba. Y si un fantasma podía sentir ese temor, Sam, no tenia el menor deseo de acercarse a ese ser...
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