Los alaridos de aquellos hombres que se adentraron en las profundidades de la tierra para arrebatarle su poder y hacer un uso oscuro con un arte prestado, eran mitigados por las galerías al desplomarse sobre si mismas. La suplicas a su oscuro dios eran palabras sordas en la oscuridad que los envolvía. Los pozos estallaron desparramando proyectiles de roca fundidas sobre los desdichados que habían conjurado sobre ellos. La ciudad entera se estremeció por el temblor producido al desplomarse el templo y las galerías que lo horadaban. De los diez hombres con alma que se adentraron, tan solo el prior seguía aun con vida, su cuerpo estaba aplastado por una roca y la poca vida que le quedaba la desperdiciaba inútilmente llamando a su dios.
- ¿Por que me as abandonado maestro?, te he servido fiel mente y en esta hora de necesidad me dejas en la oscuridad y el dolor de la no vida.-
De haber sabido el prior, que su dios había muerto consumido por la voracidad que yacía en el interior del brazalete de Sam, habría dado las gracias en vez de lamentarse de su destino. Pues con la muerte de su amo, su esencia volvía a ser libre. La multitud se agolpaba entre los restos de lo antes había sido un lugar de poder y culto. Se preguntaban los unos a los otros que había sucedido, si aquello era un castigo de la sombra por alguna blasfemia o el resurgir de sus antiguos dioses olvidados. En un extremo de las ruinas, varios niños comenzaron a gritar para llamar la atención de sus mayores. Las rocas temblaban y se desplazaban hacia los lados dejando al descubierto una cúpula de polvo que emergía lentamente. Cuando el viento arrastro las partículas de la esfera de energía, todos contenieron la respiración al ver a un hombre que portaba entre sus brazos el cuerpo de otro. Sam camino entre ellos sin detenerse ante la avalanchas de preguntas que le hacían, todo su cuerpo temblaba por el esfuerzo al enfrentarse contra si mismo...
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