Todo estaba preparado para su llegada, los acólitos habían recibido orden de no acudir al templo en ese día.
Las puertas entreabiertas era la invitacion ante la llamada del maestro, tal como había indicado el prior horas antes de sumergirse en las profundidades de la roca, se oscurecieron las diferentes salas que conforman el edificio. Apenas un sendero de velas dirigían el camino a la gran sala, el silencio denso y axfisciante delataba el movimiento de una araña en su tela.
Afuera, Sam llego hasta los escalones que ascendían a las puertas del culto de la sombra. Los rayos de sol
parecían querer tirar de su espalda, como una plegaria para que diese la vuelta y no penetrase en aquel maldito lugar. Pero todo aquello aun de ser cierto, de nada serviría pues en la mente de Sam, el mismo mantra que lo había atormentado en sus sueños lo atraía ahora hacia el maestro.
- Conozco tu verdadero nombre, ven ami y lo compartire contigo.-
Las ultimas noches, el poder de la sombra había tocado delicada mente a Sam, este no lo había percibido.
Pero ahora, como un títere al son de la mano que mueve los hilos, había acudido a la llamada y el deseo de conocer su nombre.
- Prepara te siervo, ya esta aquí. Ahora comunica te con tus esclavos y que estén preparados para atrapar al insecto.-
Con el poder adquirido de su maestro, el prior unió sus pensamientos a los monjes elegidos para la realización de los conjuros.
- A mi señal, recitar las palabras de los pergaminos y que la sombra guié vuestra lengua....
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