Las galerías se desmoronaban por los temblores emanados del poder invocado. El prior comprendió que algo no iba bien, su maestro le había prevenido de los acontecimientos que podrían presentarse al desatar el poder de los pergaminos, pero aquello estaba mas allá de lo imaginado.
- Maestro, las rocas caen sobre nosotros debemos parar o todos moriremos.-
- Noooo, si detienes la invocación te despedazare yo mismo cobarde. No debes temer, estoy siguiendo personalmente los acontecimientos y uniré mi poder al de los pergaminos. Este ser, sea lo que sea no se me escapara de entre los dedos, e esperado mucho tiempo por alguien como el.-
Y así lo hizo, la sombra entrelazo su propia esencia mágica a los hilos de poder que trataban de retener y drenar la magia contenida en Sam. Demasiado absorto en el cuerpo y la mente de su prisionero, paso por alto algo tan vulgar como la baratija que adornaba su muñeca izquierda. Un brazalete negro y repleto de símbolos que no reflejaba ninguna luz proyectada sobre el.
- Libre, tras una eternidad de renacimientos y atado a la rueda del destino, por fin soy libre. Pero el hambre me consume. Si, siento la magia recorriendo el exterior de mi prisión, gracias por este delicioso bocado.
De pronto todo el poder que aplastaba el cuerpo de Sam, comenzó a ser derivado hacia el brazalete, los hilos eran ahora riachuelos de puro manar manando hacia la inmensidad que contenía el interior del brazalete.
La sombra, comprendió demasiado tarde, que era el el que estaba siendo drenado de su esencia mágica. Trato de cortar el contacto, pero una poderosa fuerza, como una mano de hierro se aferro a su forma y lo retuvo mientras iba siendo devorado por dentro.
- Noooo, detente. Te lo ruego si paras te diré como conocer tu verdadero nombre, pero por favor para o acabaras destruyéndome.....
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