El sol se encontraba en su cenit, cuando alcanzaron a deslumbrar las puertas de la ciudad. Ocultos tras los arboles del bosque, observaron con cautela en continuo goteo de personas que entraban y salian por la única puerta de la ciudad.
- Un poblado dijiste, maldito embustero. Esto es una ciudad en toda regla.-
Tom encojio los hombros a modo de disculpa, para alguien avenzado en viages aquel lugar le parecía un cuchitril. Sam observaba la enorme muralla que rodeaba el perímetro de la ciudad. Al parecer su compañero de viaje olvido comentar las almenas y torres de vigilancia custodiadas por avezados soldados.
- Sam, no se como serán las ciudades en tu mundo, pero te aseguro que este lugar no es mas que una villa fortificada. Apenas hace unos años no estaba esa muralla y los cerdos recorrían las calles a sus anchas. ZALAR, esa si que es una ciudad digna de ser visitada y contemplada, oh mi dulce Shiona que habrá sido de ti.-
Sam mascullaba entre dientes las muchas replicas que le podría ofrecer a este metrifeque. Pero lo que ahora ocupa sus pensamientos, era la completa seguridad de que habrían dado la alarma sobre ellos. La suerte era que no conocían su rostro, pero seguramente si el de Tom y eso complicaria mucho las cosas.
- Sabes tom, tienes unos rasgos angula dos y femeninos, se me ocurre una idea para pasar desapercibidos.-
- Este plan apesta,¿ Por que diablos me has transformado en una mujer?,! Te juro por la sombra, que como no sea reversible, te cortare el cuello a la menor oportunidad.
- Calla esposa mía, no dejare que ningún mal te atenace....
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