Hasta ahora no había sentido el poder irradiado por aquel hombre. Sam puso su mano sobre el hombro de Tom y lo acompaño de nuevo al campamento. Cada fibra de su cuerpo se estremeció bajo el contacto de Sam. Quizás el miedo y la noche le estaban jugando una mala pasada, pero juraría que por el día sus ojos eran de un color gris claro, pero ahora parecían haberse oscurecido.
- Se están produciendo extraños cambios en este hombre, ¿ es posible que sea cierto lo que afirma?.-
Pensó para si Tom.
- Habla me de ese ser, siento curiosidad. Lo nombras con demasiada frecuencia.-
Tom, lo miro fijamente.
- Entonces es cierto ¿ verdad?. No perteneces a este mundo.-
Sam asintió confirmando sus dudas.
- No se que forma tiene. Pero si se que sus seguidores se cuentan a millares y monstruos sin alma le sirven. En casi todas las ciudades, hay como mínimo un templo dedicado al morador de la sombra. Las estatuas que lo decoran, parecen tan vivas que te hielan el alma la primera vez que las contemplas. Y eso, que representan a los monstruos del amo.-
Tom, hizo un alto para que las palabras calaran en Sam. Tenia poder y quizás podría convencerlo para que mas adelante le ayudase en una empresa de vida o muerte. Con la mirada, le indico que continuara hablando.
- Cada trece lunas, los sacerdotes recolectan el yermo para el templo y te aseguro que no desean riquezas..
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