- Rafael, los emisarios que enviaste a las fronteras y mundos bajo nuestra protección han vuelto. Me temo que no traen buenas noticias.-
Rafael se dirigió al templo de reuniones. Los asuntos ha debatir y decisiones de los arcángeles mayores se tomaban en el gran salo que había bajo su cúpula. Los edificios en la ciudad de plata poseían forma finita en su construcción y diseño, pero su interiores carecían de las leyes del espacio. Para contener a la totalidad de los ángeles se precisaba de un lugar prácticamente ilimitado. Ascendió los escalones que conducían a su interior, sus manos entrelazadas tras su espalda, mostraban la apariencia meditativa que refleja aquel ser.
Sus hermanos se postraron ante el, pues era uno de lo grandes entre los arcángeles y fue creado entre los primeros antes de la llegada del resto de los ángeles.
- Decidme hermanos, mas de lo que vuestros rostros reflejan. El pesar en vuestras miradas y las alas sobre el suelo ya me advierten de como han de ser las noticias que me traéis.-
Se resistían a describir el horror hiriente de sus almas, pero Rafael había pedido ser informado y Uliel se alzo entre sus hermanos.
- Discúlpame si mis lagrimas empañan las palabras hermano, pero desde mi nacimiento jamas contemple tal horror como el que se ha desencadenado mas allá de la frontera. Los jardines por los cuales paseaba nuestro padre, son ahora polvo que el viento esparce por las montañas. Los mundos que habíamos visto crecer siendo roca ardiente hasta convertirse en lugares habitables para las razas a las que dimos nuestro aliento, no son mas que arena y fuego.-
- ¿ Ha sido la profundidad?-
- He hay lo extraño, no es obra de su voracidad. Quien haya sido pertenece a esta realidad....-
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