En una cabaña junto al bosque, sobre una vieja mesa de roble, un comerciante valoraba su mercancía. A juzgar por el aspecto curtido de sus manos, cualquier observador le atribuiría una profesión más física. El rostro de Sam reflejaba la madurez de más de una vida, con una mirada profunda y ávida de conocimientos.
—Esta flor tan poco común posee unas cualidades curativas que serían muy útiles en este mundo.
El clima es el apropiado para su desarrollo y carece de depredadores naturales, al menos por el momento. Sí, creo que podre hacer buenos tratos con el herbolario del pueblo. Bien, por hoy ya está bien de trabajo, va siendo hora de cenar.
Sam, o el Viejo Sam, como se le conoce en el pueblo, vive apartado de los demás habitantes del valle. Su casa de una sola planta es todo cuanto necesita para habitar cuando vuelve de sus viajes.
Se le considera un comerciante justo y honrado. El motivo por el que es tan apreciado es la sorprendente variedad y la extraña naturaleza de la mercancía con la que comercia. Muchos de sus vecinos piensan que SAM ha recorrido el mundo entero, y no les falta razón, aunque no solo este mundo.
Sam no precisa de riquezas ni de extravagancias, su vaganbudeo por los mundos le reporta casi toda la plenitud que necesita. Pero debe andarse con cuidado, si alguien descubriese su habilidad para tales viajes, tendría que dar demasiadas explicaciones y marcharse a otro lugar. Este mundo le agrada y desea pasar todo el tiempo que pueda en él, al menos eso pensaba hasta la llegada de PENSAMIENTO.....
Uhm...Sam, quién será? :)
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